El apretón de manos y la plata sobre la mesa no cierran la compra de un auto usado. Falta el trámite que casi nadie disfruta pero que lo cambia todo: la transferencia. Mientras no se haga, el auto sigue legalmente a nombre del que vende — o sea, si el comprador choca o acumula multas, el problema es tuyo. Y al revés, si compraste y no transferiste, no eres el dueño ante la ley aunque tengas las llaves. Acá va la guía para hacerlo bien, sin sustos, con los costos claros y —lo más importante— qué mirar antes de firmar.
Es el trámite que cambia oficialmente al dueño del auto en el Registro Civil. Piénsalo así: hasta que no aparezca tu nombre ahí, el auto no es tuyo ante la ley, aunque ya lo pagaste y lo estés manejando. Por eso conviene hacerla al tiro, no "cuando tenga tiempo".
Junta esto antes de ir a la notaría para no dar vueltas al pelo:
Depende sobre todo del valor del auto, porque el impuesto es porcentaje. Desglosado:
En un auto barato hablamos de decenas de miles de pesos; en uno caro, el 1,5% empieza a notarse. Conviene tenerlo presupuestado antes de cerrar el precio.
Si te quedas con una sola idea de todo esto, que sea esta: nunca transfieras un auto sin revisarlo primero. Si tiene multas o deudas TAG impagas, pueden quedar pegadas a la patente y trabar el trámite. Si tiene encargo por robo, derechamente no se puede transferir. Y si le maquillaron el kilometraje, estás pagando por un auto que no es el que crees.
Así que antes de la notaría, consulta la patente y anda tranquilo. Y si eres tú el que vende, parte por saber cuánto vale: tásalo gratis y publícalo para encontrar comprador.
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